La crisis de la democracia y las plataformas digitales

 Las provincias, 2024

 

La crisis de la democracia representativa se dilata de manera preocupante desde hace décadas. El populismo, la desigualdad económica, el relativismo moral o la falta de conciencia comunitaria son algunos de los elementos alrededor de los que gira esta crisis. ¿Qué papel juegan en esta crisis las plataformas digitales? Podemos esbozar una respuesta a partir de Jürgen Habermas. Al alemán hay que agradecerle que, a pesar de su ancianidad, no hayaabandonado la pluma y que aborde precisamente este problema. 

Según él, los medios de comunicación tienen una función fundamental en la democracia representativa. Para Habermas, la fiabilidad, calidad y relevancia general de las contribuciones es esencial. Y estas contribuciones, de relevancia general, deben dirigir la atención de todos los ciudadanos a los mismos asuntos para estimularles a formar sus propios juicios. Esta es su función: dirigir la atención colectiva. Una función que hoy se deteriora con el tránsito de los medios tradicionales a las plataformasLa aparición de las plataformas es de tal envergadura que la compara con el invento de la imprenta. Si la imprenta convertía a cualquiera en potencial lector, las plataformas convierten a cualquiera en potencial autor. Esto es un problema —continúa—, porque el contenido no pasa filtros profesionales.

Lo dañino de la nueva estructura de la esfera pública es que no es capaz de dirigir la atención colectiva a los asuntos relevantes. Las contribuciones en las plataformas no se filtran por su relevancia colectiva. En ellas domina el entretenimiento, la emoción y la personalización. Es la erosión del portero (gatekeeper) que en los medios tradicionales seleccionaba los asuntos de relevancia colectiva. “Con el triunfo de los imperativos de la economía de la atención […] los nuevos medios están intensificando las tendencias, bien conocidas por la prensa popular, hacia el entretenimiento, emocionalización y personalización de los asuntos de importancia para la esfera pública política” (Habermas)

En efecto, la economía de la atención daña la función política de la esfera pública. Los medios tradicionales eran, sobre todo, informativosNaturalmente, podían mentir, pero la mentira deja a salvo la verdad, al menos en un sentido: el que miente todavía conoce la verdad,aunque la niegue puntualmente, incluso si siempre lo hace. De hecho, afirmar algo falso no es mentir salvo que uno conozca la verdad. El mentiroso conoce la verdad y afirmaalgo distinto (Han). En los medios tradicionales la información cumple una función descriptiva, puede ser juzgada como verdadera o falsa. La diferencia con las plataformas es que en ellas la información tiene una finalidad distinta. No buscan describir la realidad, sinoprescribir la conductaBuscan causar un efecto, captar la atención. La información es cautiva del modelo de negocio de las plataformas que obtiene sus ingresos de la publicidad. La información, por ello, no es juzgada por las plataformas por su adecuada descripción de la realidad. Es la función prescriptiva, que busca modificar la conducta ajena, la relevante aquí.

Esto nos sitúa ante la irrelevancia de los criterios descriptivos, la irrelevancia de la verdad. La economía de la atención es tan contraria a la verdad como el utilitarismo lo es a la ética. En este sentido, las plataformas sí hacen de porteros (gatekeepers). Las plataformas otorgan el papel de porteros a los algoritmos. El portero deja entrar a todo el mundo, pero algunos contenidos reciben una entrada con mejores prestaciones. Reciben más visitas, más visualizaciones, más seguidores. Esto es un incentivo para ser el tipo de contenido que recibe mejores prestaciones. De modo que sí hay un filtro, pero no se basa en la “fiabilidad, calidad y relevancia generalUn ejemplo de Youtube: en esta plataforma el filtro se basa en ofrecer mejores prestaciones a los contenidos que empleen términos como “ataque, malo o culpa”, tres términos clave para un buen posicionamiento.¡Todo un impulso a la buena convivencia!

Teniendo presentes estos filtros, las “noticias falsas” no son un hecho aislado sino una consecuencia lógica de esta estructura. Están dentro del contenido privilegiado. Del mismo modo, la falsificación que permiten las nuevas herramientas tecnológicas, como las imágenes o vídeos verosímiles pero falsos, tampoco serán un hecho aislado. Precisamente, es fácil que su uso se dispare para crear contenidos eficaces para captar la atención. En este sentido, la censura de contenidos por diversas razones, igual que el cierre de cuentas, es acudir a las consecuencias ignorando las causas.

Un reciente artículo señala que las teorías de la conspiración responden al principio de placer (Wired). El que las sostiene experimenta una satisfacción fisiológica. Lo interesante es que aquí tampoco rige el principio de que la información describe, sino el de que la información influye, impacta en la atenciónseduciéndonos. Tiene razón Habermas cuando señala que las plataformas se deslizan hacia el entretenimiento, la emocionalización y la personalización. Esto es incompatible con la fiabilidad, calidad y relevancia general de las informaciones. Así, Nir Eyal deja claro lo que enseña en su libro para comerciantes de atención: “Enganchado: Cómo crear productos que creen hábitos”. En los comentarios de la contraportada se dice: “Lo leerás. Luego desearás que tus competidores no lo hayan leído”. Esta es la nueva esfera pública: una competición por enganchar a la gente, aunque haya que sacrificar la verdad por el camino.

 

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