El poder digital y su principio inspirador

Las provincias, 2024

 

El poder digital es ejercido por tres tipos de sujetosEl poder digital coactivo (o fuerte) es el propio de los Estados, el poder digital individual (el acceso a la tecnología digital y a la IA es un poder accesible a cualquiera) y el poder digital complaciente (o blando) de las grandes empresas tecnológicas (GET)Aquí me centro en este último. Este poder se presenta como una forma de gobierno de facto que regula, en gran medida, el modo en que vivimos y nos relacionamos los seres humanos.


En primer lugar, regula la comunicación humana mediante sus algoritmos. Los algoritmos son las instrucciones que tienen las máquinas para manejar y procesar datos (Blanco Marañón). Pero lo interesante es que, los más complejos no son simples instrucciones que tengan un resultado predecible. Son dinámicos porque mantienen una relación dialéctica con su entorno, aprenden y evalúan mediante “bucles de retroalimentación” (Barrio Andrés), lo que permite respuestas graduadas. Se habla de que el algoritmo es la nueva ley, pero la ley es igual para todos, y el algoritmo es adaptativo y personaliza. Por tanto, se parece más a un guardián, un juez o un moderador del discurso.


En segundo lugar, el poder digital tiene su cadena de mando: los individuos responden a esa información gobernada por la máquina, gobernada a su vez por los dueños de las grandes tecnológicas (Google, Amazon, Meta…) que están gobernados por los dueños de los grandes fondos de inversión que invierten en ellas (Black Rock, etc.)


Tercero, el algoritmo presenta la información a la que atenderán los individuos y genera prácticas sociales. Ya no es de mala educación mirar el móvil mientras hablamos con otros, revisamos constantemente el teléfono, hemos dejado de leer libros y de escribir en papel. No tenemos tiempo. Ni en el mejor de sus sueños un gobernante absoluto tenía tanto poder y de eficacia tan rápida para modificar las prácticas sociales de sus súbditos. Pero, ¿cómo ha sido posible modificar la sociedad tan rápido? ¿qué tiene el poder digital que lo hace tan persuasivo? Aventuremos una posible respuesta a través de Montesquieu.


Según Montesquieu las formas de gobierno no se distinguen simplemente por el número de gobernantes (uno en la monarquía, los mejores en la aristocracia o el pueblo en la república), sino por aquello que inspira a los individuos en cada comunidad política (valor, distinción, virtud, gloria, etc.). Es el llamado principio inspirador de la comunidad política. El de la tiranía, por ejemplo, es el temor. El temor recíproco del tirano hacia los súbditos y de estos hacia el tirano. Y el temor, señala Hannah Arendt, se basa en la experiencia de la soledad. El aislamiento solitario lleva, muchas veces, a la desconfianza y temor hacia los demás.


¿Qué diría Montesquieu del poder digital o digitocracia? ¿Qué mueve a actuar a sus súbditos? La respuesta podría ser: el principio de placer. El placer y no el temor. Curiosamente, el placer parece encontrar su anclaje también en la experiencia fundamental de la soledad: la soledad de atender al propio cuerpo y sus reclamos, o a la psique, y sus quizá todavía más caprichosos reclamosDesde un punto de vista social el problema de poner en el centro el placer es que supone otorgar importancia a una experiencia subjetiva. Con razón dice Aristóteles que los animales solo se comunican para expresar el placer y el dolor, su naturaleza no va más allá, pero “la palabra [humana] es para manifestar lo conveniente y lo dañino, lo justo y lo injusto, y es exclusiva del hombre […] y la comunidad de estas cosas es lo que constituye la casa y la ciudad” (Aristóteles, Política).


Es verdad que hay placeres elevados, como leer una buena novela o contemplar un cuadro, pero este no es el dominio de la digitocraciaComo decíamos, poner en el centro el placer parte de la experiencia de la soledad. Para dominar mediante los placeres más primarios convieneromper los lazos sociales, porque los lazos implican posponer el placer, aunque tengan la recompensa de un placer mayor a largo plazo. Y la ruptura de lazos sociales tiene que comenzar por su unidad más básica, si quiere tener un éxito completo. 


Como vio Huxley, el poder basado en el placerrequiere la destrucción de la familia. Solo se puede hacerdócil a la masa si se la disgrega o el elemento que la une está monopolizado por el poder. Divide y vencerás. ¿Quién puede darse desinteresadamente por una causa social o política si no ha recibido el amor desinteresado desu familia? La comunidad política difícilmente puede ser grande si no se basa en la fuerza de su unidadfundamental. Y sin esa fuerza, fácilmente cae en la dominación. 


El poder digital ha encontrado el terreno sembrado. No ha tenido, en este sentido, mucho que hacer, pues la familia lleva tiempo destruida, al menos, en los países occidentales. En Madrid, hay dos millones de personas que viven solas, e imagínense qué hacen cuando no tienen nadie con quien hablar. La tecnología seguirá llenando ese inmenso vacío, salvo que volvamos a recuperar el deseo de estar juntos. Esto no supone una renuncia al placer, sino una auténtica aspiración a la felicidad.

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