Neutralidad tecnológica y nuevos derechos

Las provincias, 2024

 

A pesar de que las críticas al diseño de las redes sociales son abundantessigue extendida la idea de que la tecnología es neutral. Se dice que las cosas son neutras porque se pueden utilizar para una acción buena o mala, y se ofrece el ejemplo del cuchillo: se puede usar para cortar comida o para dañar a otro. Pero, ¿no es esto confundir la ambivalencia —la posibilidad de usar las cosas de diferentes modos— con la neutralidad —considerar que las cosas no nos condicionan? El cuchillo puede usarse para cortar o acuchillar: esa es su ambivalencia. Sin embargo, esto no significa neutralidad. El cuchillo me presenta el mundo como algo que cortar: no puedo usarlo de cuchara. Si las cosas fueran neutras no se discutiría la prohibición de la venta de armas, bastaría un ejercicio pedagógico para que se usaran bien.

De lo que no cabe duda es de que las cosas se diseñan con determinados propósitos, por eso no nos gustan las armas, porque están hechas para matar. Las redes sociales también están creadas con un propósitoque pasemos el mayor tiempo posible usándolasPara ello explotan las debilidades humanas en su favor. En particular, explotan nuestros momentos de debilidad emocional, las grietas en nuestra voluntad, los deseos de reconocimiento y aplauso y un largo etcétera. En este sentido son emocionales y no racionales por diseño. No es solo que nos condicionen, es que están diseñadas para ser persuasivas. Desde la antropología cultural se compara el smartphone, el mejor amigo del hombre actual, con las máquinas tragaperras.¿Estoy exagerando? No lo digo yo, lo dicen los padres fundadores de las redesuna legión de ingenieros arrepentidos que ahora batallan para concienciar al mundo de los males que han causadoChris Hughes (co-fundadorde Facebook), Tristan Harris y James Williams (ex-Google), Azan Raskin (inventor del scroll infinito), Justen Rosestein y Leah Pearlman (inventores del botón “me gusta”), Brian Acton (inventor del Whatsappo ChamathPalihapiya (ex-Facebook). Por no hablar de que el propio Steve Jobs jamás dejó que sus hijos tocaran el Ipad, al tiempo que les regalaba libros y más libros. Y, claro, mientras nuestros hijos son educados con pantallas desde los dos años, en Silicon Valley los hijos de los ingenieros van a Montessori. Se suscriben así dos ideas: “No te enganches con tu propia mercancía” (el lema de los traficantes de drogas) y la del gobernante absoluto que es legibus solutus: no se aplica la ley que aprueba para sus súbditos.

Con gran inteligencia denominaron “redes sociales”(social media) a Facebook y a todo lo que vino después (Instagram, TikTok…). Pero las redes no tienen demasiado de sociales: han ahondado en la grave crisis de la soledad y de la falta de relaciones sociales normales. Sí. Podemos usar una red social con el objetivo de establecer auténticas relacionales sociales, incluso con el propósito de establecer un diálogo racional. Pero esto es usar las redes de un modo contrario a su diseño, es como tomar sopa con cuchillo. Lo más fácil es que acabemos cediendo al diseño de la red social: a la satisfacción narcisista de los seguidores y los me gustas. Las redes nos presentan el mundo como una grada de fans que nos observa. Una grada que tenemos que hacer el esfuerzo de aumentar para ser escuchados, aplaudidos y admirados cada día por más personas. ¿Y acaso hay alguien más importante que yo?

Visto así, parece difícil afirmar que la tecnología es neutral. En realidad, esconde un poder digital que goza hoy de mucha más fuerza que cualquier estado para impulsar la conducta de los individuos. Además del deterioro cognitivo que producen —memoria, atención, inteligencia—, dañan la democracia con unas prácticas comunicativas que son lo contrario a lo que cualquier teórico de la democracia pueda valorar como positivoJürgen Habermas, en su libro sobre redes sociales La nueva transformación de la esfera pública y la política deliberativa, manifiesta estas preocupaciones.

Parecen más que sobradas las razones para promover unos derechos en internet que realmente protejan al individuo de este fenómeno, y también nuestras democracias débiles y nuestro desacreditado Estado de Derecho. En este momento, derechos como el de acceso a internet pueden tener el efecto de entregarnos “libremente” al poder digital. El derecho a la protección de datos parece una broma teniendo en cuenta el uso que se hace de nuestros datos. Hacen falta, en cambio, derechos que nos protejan realmente de este poder digital, que no nos entreguen a él. Cabría objetar que esto es paternalismo, pero creo que no necesariamente. El Derecho nos protege a los unos de los otros, especialmente al débil respecto del fuerte. El Derecho no otorga libertad de engañary el internet actual es una gran máquina de manipulación. Debemos, por tanto, hacer algo jurídicamente. Por ejemplo, prohibir aquellos algoritmos que son socialmente tóxicos. Sin embargo, como es natural, el Derecho no puede hacerlo todo. De hecho,puede hacer bien poco si la sociedad no desea realmente recuperar sus libertades perdidas y vendidas en los mercados del capitalismo a cambio de efímeras compensaciones psicológicas y de formas de entretenimiento más o menos vacías. Y es que el poder digital ha elegido un buen aliado: nuestro ego.

 

 

 

 

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